Clientes

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Un cliente para quien trabajé mucho en otro tiempo, que edita anualmente más de una docena de publicaciones, me pide un presupuesto. Se lo envío por escrito con dos opciones: una con sólo tipografía y la otra con posibilidad de incorporar fotografía o ilustraciones que, lógicameente, incrementan los costes. 

Me llama por teléfono para preguntarme qué quiero decir con sólo tipografía y decirme que no sabe a qué me refiero con ilustraciones. He intentado explicárselo, pero aún no he salido de mi asombro.