Encuentro con Fernando Alba

Encuentro con Fernando Alba

En la inauguración de una exposición me encontré a Fernando Alba, al que no veía desde hace más de quince años. Le saludé y estuvimos charlando un rato. Fernando me dio clase de volumen y modelado en la Escuela de Arte de Oviedo, probablemente alrededor del año 1988 y aquella experiencia supuso el inicio de un camino de descubrimiento. 

 

Él suscitó en mi y en algunos de mis compañeros la capacidad de asombro ante realidades que a muchos pasan desapercibidas, la sensibilidad y el respeto hacia las cualidades expresivas de texturas, formas, estructuras... y la audacia para plantear intervenciones sin concesiones y sin contemplaciones. Diría que, así como a otros profesores debo el gusto por lo bien hecho, la valoración de una buena presentación gráfica, la inquietud por estar al día técnicamente o lo que yo llamo "vocación controeuropea", él fue el maestro de mi proceso interno. 

 

Como alumno suyo aprendí a conectar el hemisferio emocional, lo visceral, la pura sensación con la práctica profesional. 

 

Hoy tengo casi la edad que él tenía entonces y bastantes años de andadura propia en diseño y en otras artes, a lo largo de los cuales aquella experiencia me ha fundamentado y en los que sigo constatando que las cosas funcionan cuando hay aquella conexión. 

 

No hay que decir más para explicar cuánto disfruté el breve encuentro de ayer. Y, aunque es muy probable que él no me recuerde como alumno, lo importante es lo que para mi significa como maestro.